Para Taylor, las predicciones para la TPM que surgen de la aplicación de esta fórmula (1993) deberían añadirse a los demás indicadores con que cuentan los bancos centrales para efectos de resolver cuál es el nivel adecuado de dicha variable. De este modo, es importante subrayar la cautela con la que introduce lo que posteriormente se ha conocido como la "regla de Taylor", en la medida en que ésta se plantea como una herramienta más dentro del proceso de determinación de la TPM. Sin embargo, en desarrollos posteriores, el diseño de reglas como la planteada ha adquirido un papel protagónico dentro del diseño de política monetaria, lo que se ha manifestado en una importante cantidad de investigaciones.
Taylor contrasta las predicciones de su ecuación con la trayectoria efectivamente seguida por la TPM en los Estados Unidos durante el período que había transcurrido de la administración de los años
90, encontrando que los niveles de ambas tasas eran de manera sorprendentemente similares.
En investigaciones posteriores Taylor destaca cómo la adopción de una estrategia de política monetaria basada en reglas tan simples como la indicada, ha permitido mejorar el desempeño macroeconómico
de diversas economías en el mundo, e incluso en el año 2002 analiza como una de las causas del descenso de la tasa de inflación en las economías industrializadas durante los 90, la mayor sensibilidad
de respuesta de la TPM a los cambios en π I. (Tasa de inflación promedio en el modelo analizado)