TEORÍA MARXISTA DEL CICLO

Marx no hizo otra cosa que retomar las consideraciones de los economistas clásicos que lo precedieron (Smith, Ricardo, etc.) en términos de organicidad hegeliana y de los conceptos en esa línea por él inventados ("composición orgánica del capital" -.técnica y de valor-,"tasa de plusvalía" -distinto del de "tasa de ganancia"-, etc. No formuló una verdadera teoría, sino que desparramó consideraciones sobre las crisis en muchas de sus obras. Los marxistas sucesivos no han hecho que la exégesis de sus escritos, sin aportar tampoco ellos una verdadera teoría. Una de las tantas posibles versiones a que lleva esa práctica exegética dice que, al tiempo que la masa de ganancia aumenta notablemente durante la expansión económica, la tasa de ganancia tiende a disminuir, debido a que se reduce la proporción de plusvalor valor agregado por el "trabajo vivo" con respecto al valor total de las mercancías, o lo que es lo mismo, debido al avance tecnológico disminuye la proporción de trabajo vivo contratado con respecto al capital invertido. La baja de la tasa de ganancia y la acumulación acelerada son dos aspectos en que se manifiesta el mismo proceso de desarrollo de la capacidad productiva.  El rendimiento de la inversión es el resorte propulsor de la producción capitalista: el crecimiento acelerado al reducir la rentabilidad general del capital, conduce al descenso de la inversión y el conflicto de estos factores se abre paso periódicamente en forma de crisis.  Hasta aquí no hay nada nuevo, porque todo el discurso consiste en representar lo que la observación empírica provee con razonamientos bastante obvios, aunque con una terminología novedosa que se mantiene en el ámbito trillado de los clásicos en materia de "teoría del valor trabajo".


Las condiciones del crecimiento capitalista se restablecen mediante la inmovilización e incluso la destrucción de capital. Las quiebras significan la destrucción económica de capital, que deja de funcionar como tal, en tanto los capitalistas que sobreviven pueden tomarse los mercados de sus competidores y adquirir a precios muy bajos sus plantas. La destrucción económica de carácter más agudo es la referida al capital invertido en los títulos valores, que representan el derecho a una ganancia futura.


Debido al aumento masivo del desempleo, la crisis conduce a la baja de salarios (pero todo esto y lo que sigue es substancialmente una obviedad presente a la observación empírica), en tanto que muchas materias primas y máquinas se obtienen también a precios muy bajos y así, el capital que supera la crisis puede invertirse otra vez con altos rendimientos. La crisis termina cuando la misma destrucción de capital que ha provocado conducen al alza general de la tasa de ganancia y la economía se reactiva. La paralización de la producción prepara su ampliación posterior, de la misma forma que el crecimiento prepara la crisis, se reanuda el ciclo.


En efecto, desde 1825, año en que estalla la primera crisis general, no pasan diez años seguidos sin que todo el mundo industrial y comercial, la producción y el intercambio... se salgan de quicio. El comercio se paraliza, los mercados parecen sobresaturados de mercancías, los productos se estancan en los almacenes abarrotados, sin encontrar salida; el dinero contante se hace invisible; el crédito desaparece; las fábricas paran; las masas obreras carecen de medios de vida precisamente por haberlos producido en exceso, las bancarrotas y las liquidaciones se suceden unas a otras. El estancamiento dura años enteros, las fuerzas productivas y los productos se derrochan y destruyen en masa, hasta que, por fin, las masas de mercancías acumuladas, más o menos depreciadas, encuentran salida, y la producción y el cambio van reanimándose poco a poco. Paulatinamente, la marcha se acelera, el paso de andadura se convierte en trote, el trote industrial, en galope y, por último, en carrera desenfrenada, en batir de campanas de la industria, el comercio, el crédito y la especulación, para terminar finalmente, después de los saltos más arriesgados, en la fosa de un crac. Y así, una y otra vez.


Detrás de la anterior síntesis descriptiva en tonos dramáticos de los puntos de inversión del ciclo económico, se encuentra algo que en los textos de otros economístas como Kondratieff y Schumpeter tendrá algún valor teórico.


Un capítulo especial le daremos a Keynes, debido a su importancia y las aplicaciones de sus ideas actualmente


La Teoría General del empleo, el Interés y el Dinero es considerada la obra más destacada del economista británico John Maynard Keynes.


En gran medida, creó la terminología de la moderna macroeconomía. Se publicó en febrero del 1936, en una época marcada por la Gran Depresión estadounidense. El libro desencadenó una revolución en el pensamiento económico, comúnmente denominada la "Revolución Keynesiana", en la forma en la que los economistas pensaban en el fenómeno económico, y especialmente en cómo pensaban acerca de la viabilidad y conveniencia de la gestión del sector público del nivel agregado de la demanda en la economía.


En el libro de Keynes, «Ensayos en Persuasión», el autor recordó sus frustrados intentos por influir en la opinión pública durante la Gran Depresión, a comienzos de los años treinta. La "Teoría General", representó los intentos de Keynes para cambiar la opinión general en el pensamiento que existía en el entorno macroeconómico.


Resumiendo, la "Teoría General" argumentaba que el nivel de empleo en la economía moderna estaba determinado por tres factores: la inclinación marginal a consumir (el porcentaje de cualquier incremento en la renta que la gente destina para gasto en bienes y servicios), la eficiencia marginal del capital (dependiente de los incrementos en las tasas de retorno), y la tasa de interés. El argumento clave en el pensamiento de Keynes es que una economía debilitada por la baja demanda (como por ejemplo, en una depresión), donde hay un problema desencadenante (dificultad en conseguir una economía que crezca vigorosamente), entonces el gobierno (más concretamente el sector público) puede incrementar la demanda agregada, incrementando sus gastos (aunque se incurra en déficit público), sin que el sector público incremente la tasa de interés lo suficiente como para minar la eficacia de esta política.


Keynes previó en la "Teoría General" que su libro probablemente iba a liderar una revolución en la forma que los empresarios pensarían sobre los temas de interés público, y el pensamiento keynesiano (los intentos del gobierno intentando influir en la demanda a través de los impuestos, el gasto público, y la política monetaria) fue muy influyente en la época de la postguerra tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la estanflación de la década de 1970 hizo que el enfoque intervencionista keynesiano perdiera su atracción en los círculos políticos y de los teóricos económicos. En la mayoría de las economías, se comenzó a creer que el manejo keynesiano de la demanda era complejo, y que acarreaba sutiles daños en la economía, como deteriorar los beneficios de un presupuesto público equilibrado, así como favorecer la inflación. Hasta cierto punto, la teoría keynesiana sufrió debido a su propio éxito en la postguerra, durante la que terminó con largos periodos de paro y pérdida de producción. De todas las maneras, el keynesianismo todavía existe en la forma de la denominada Nueva Economía Keynesiana, que intenta combinar la economía neoclásica con algunas conclusiones de la política keynesiana.